no verdes de inmaduras, sino verdes de vivas. Todas son verdes y están
vivas. Una vez mamá me enseñó un libro donde había un dibujo de un
niño como yo, que le daba una manzana de color rojo a su maestra. No
entendí qué uso le podría dar la maestra a una manzana asfixiada, pero
ella se veía muy feliz.
Lo bueno es que mamá siempre se fija en traerlas a casa aún vivas y
verdes resplandecientes. Las coloca sobre la mesa del comedor dentro
de un frutero y las observo respirar. Son tímidas al principio, pero
siempre acaban cuchicheando entre sí. Se regocijan en ser el centro de
atracción y se sonrosan en tonos verduzcos para hacérmelo saber.
Si tienen suerte, nadie las toca durante días, que ellas pasan del
mejor humor gobernando y decorando la casa desde su discreta
ubicación. Si no tienen suerte, mi mamá prepara un vivo y verde pay de
manzanas.
Ej. 1