martes, 23 de noviembre de 2010

Aterradas

Ian y yo estamos aterradas. No me había dado cuenta de lo aterradas
que estamos de reconocer que otra vez, el amor nos acecha. Tan
aterradas estamos, que han pasado meses y no nos hemos dirigido la
palabra. La extraño. Yo, me la he pasado en total negación e
incredulidad, y sé que Ian cree, que estoy así nomás por venir
arrastrando tan mala racha. ¿Por qué busco tantas garantías, sabiendo
perfectamente que tal cosa no existe? Refugiada en el cinismo y la
burla, soy nuevamente la historia de quien se va de viaje añorando al
amor de su vida... y regresa con él sin siquiera darse cuenta. Y es
que, dice ahora Ian, que todo ha sido como un diálogo con el espejo.
Primero nos reíamos del reflejo y coqueteábamos abiertamente. Ella se
divirtió de lo lindo y me dijo que lo tenía bajo control. Pero ahora,
ambas observamos el reflejo de reojo desde lejos, y nos aterra; nos
aterra porque ya no nos refleja a nosotras, sino a unas otras
probables, que viven en otro lado y en otras circunstancias.
Aterradas. Pero, como siempre, el terror no le va a impedir a Ian
desenterrar el misterio. Y dice ella que esta vez será más
entretenido, porque no le dieron mas que una cucharita para excavar.
Se va a tardar más que nunca... y ya la veo relamiéndose los labios.
Menos mal que alguien va a disfrutar esto, porque yo sigo aterrada y
cerraré los ojos fuerte fuerte, para no verte allá tan lejos bajo el
inevitable invierno. No los abriré hasta que la nieve caiga sobre tus
hombros y nos cubra de blanco.

martes, 14 de septiembre de 2010

Inmerecido

No te mereces este vacío que siento. No te mereces ni una de mis
lágrimas, ni una de mis palabras. No te mereces ni uno de mis
pensamientos. No te mereces las interminables pláticas, ni los sudores
que dejé en tu cama. No te mereces romperme el corazón así; no te
mereces ese privilegio. No te merecías nada y aún así todo te lo di.
Nunca fue mi intención amarte, pero tú te empecinaste en lograrlo. Y
sé que esto no puede ser amor, sino sólo un capricho frustrado. Porque
no mereces que te amara ni antes, ni ahora, ni después. No te mereces
nada, y nada es lo que me queda para darte. No te mereces a nadie,
pero eso bien lo sabes. Simplemente, no me mereces.

sábado, 17 de julio de 2010

Música

De la nada Ian se pone a cantar. Toma la guitarra después de años.
Algo le pasa. Obviamente no piensa decirme qué trae en mente ésta vez.
Pero está feliz escuchando a John Mayer mientras toca y canta al
unísono. Me pregunto cuándo le va a dar la gana sentarse a escribir de
nuevo. Creo que se está esperando a subirse al primer tren. Está
esperando tener el infinito verde del otro lado de la ventana, para
ponerse poética. No ha sido fácil. Pero le digo que ya pasó la racha
de pestilencias. Le digo que le quedan dos semanas de quietud; que se
vaya preparando. Ian se pregunta por ti. Se pregunta de dónde sale de
pronto toda esa atención y sincera ternura. Yo creo que me la merezco
y que es la razón de por qué me dejo acariciar. Ian quiere más. Pero
ya habrá más, seguramente, en otra latitud y bajo la lluvia del norte.
Le digo que de eso, de eso me encargo yo. Por ahora, dejaré que Ian
cante todo lo que quiera. Nunca la quiero más que cuando canta y se
acuerda que su único y fiel amante es siempre ella: la música.

viernes, 4 de junio de 2010

Mar

Apenas hoy me recupero de la tristeza de Ian. Lo dejo a cargo unos
cuantos días y me deja tumbada en un lodazal. No, no se le puede
encargar nada. Una vez le dan cuerda se enreda solito y para cuando se
da cuenta ya tiene la soga en el cuello. Lo mando de vacaciones a la
playa y acaba enamorado del mar, de la arena, de las estrellas y de
tus interminables besos de hamaca. Drogadito y junkie no se quiere
regresar, pero lo regresan a la fuerza. Resultado: llanto y
desconsuelo. Y no hay nada que pueda yo hacer más que sentarme a
esperar que se le pase. No encuentro cómo explicarle que el mar es
así: él se queda y nosotros nos vamos. O que tú y yo fuimos también
como el mar: siempre húmedos y revueltos con la arena, bajo un
infinito mundo de estrellas. Que esos días de mar y amor fueron eso y
nada más. Pero, también dice Ian, que de todas las decenas de veces
que había respirado antes el mar, nunca lo había respirado así. Y esa
es sólo culpa tuya. Gracias.
Y así de agradecida y machucada Ian quiere más. Dice que a pesar de
que nunca tuvo el valor para decirte que te quiere deliciosamente, no
ha eliminado la posibilidad de decírtelo un día de abrupto y sin
aviso. Sí, Ian te quiere y yo más.

domingo, 16 de mayo de 2010

Un año después...

Si he de pasar por el agobio del silencio,
para reencontrarme un año después del otro lado de la vida...
contra todo dolor, soledad o pena
que así sea.

martes, 30 de marzo de 2010

Silvio

Escucho a Silvio y me lleva de viaje al pasado. Como si fuera en otra
vida, su voz me transporta a esa habitación donde lo aprendí de
memoria, letra por letra. Quién sabe quién sabrá cuántas veces le di
vueltas a ese viejo cassette, mientras mi madre golpeaba la puerta
tratando de callar todo ese derroche de poesía que sólo avivaba el
fuego. Pobre de mi madre. Con unas cuantas canciones, Silvio se
encargó de seducir a su hija a favor de un maldito desconocido. Y yo,
que no sabía nada de trovas, ni revoluciones cubanas. Yo sólo sabía de
música y poderosas palabras que se me metían bajo la piel y que me
habían sido reveladas en código. Yo sólo sabía de ese irrevocable
sentimiento de amor que finalmente me había encontrado y me partía
dulcemente en dos. Sólo eso sabía entonces y ahora, ahora sé que eso
no se repetirá. Y ojalá se te acabe la mirada constante, la palabra
precisa, la sonrisa perfecta. Ojalá pase algo que te borre de pronto:
una luz cegadora, un disparo de nieve. Ojalá por lo menos que me lleve
la muerte, para no verte tanto, para no verte siempre, en todos los
segundos, en todas las visiones. Ojalá que no pueda cantarte ni en
canciones.
Y así un día, el día menos esperado, ese ojalá sucedió y yo me alejé
varios años luz de todo rastro de inocencia y pubertad. Y nada volvió
a ser igual.

domingo, 28 de marzo de 2010

Puntos suspensivos

Así, abro los ojos y es Domingo. Despierto relamiéndome los labios que
usamos anoche para besar y para definir nuestros mundos y descubro que
me he quedado flotando en tus puntos suspensivos. Me digo por qué no y
coloco cada punto: uno, dos, tres. Si al trazar este boceto de vida he
aprendido que nada ofrece certezas y que no me interesan, me digo por
qué no. Aquí y ahora decido romper el silencio y dejaré que me
escuches. ¿Por qué no he de aprovechar esa invitación a no asumir nada
y a intentarlo todo? ¿Por qué no he de deleitarme acariciando tu
nombre en mi almohada cada vez que me plazca? ¿Por qué no acurrucarme
a tu lado para calmar los remolinos?
Amanece Domingo y todo es luz. Siempre luz. Y me recuerdo que esto lo
intuía y que mi intuición nunca falla. Y así será mientras sea
necesario. Todo con inmenso potencial de uso. Todo abierto a
posibilidades. Todo libertad y descubrimiento. Todo flotando en puntos
suspensivos. Uno, dos, tres...

jueves, 18 de marzo de 2010

Filosofía Foucault

"Michel Foucault, filósofo francés, dijo insistentemente que nuestro
mundo posmoderno está organizado en torno a discursos universalmente
aceptados como válidos. Los llamó "discursos dominantes", que son
aquellas ideas culturalmente acuñadas, y lanzadas al grupo social como
verdades absolutas e incuestionables, que van configurando nuestras
vidas de formas mucho más sutiles. Foucault llamó a este dominio de
los discursos "las operaciones del poder moderno", a través del cual
cada uno de nosotros participa en la confección de nuestras vidas,
intentando, muchas veces de forma inconsciente, ajustarnos a
estándares establecidos y poder así sentir que estamos eligiendo lo
correcto."
¿Así o más atinado para el día de hoy? Gracias.

martes, 16 de marzo de 2010

Tregua

Ayer fue uno de esos días en que el tiempo hizo travesuras y jugó a mi
favor. Las horas tuvieron más minutos, los minutos más segundos y los
segundos eran eternos. Y yo, plenamente consciente, sólo me enfoqué en
deslizarme por los surcos que dejaban al pasar. Los dejé posarse sobre
mí, sonrientes y cómplices mirándonos de lado. Ellos a su vez, dejaron
que respiráramos la vida en las palabras del otro. Sin intención, sin
compromiso y sin prisa, el tiempo se dejó amar como el amante
escurridizo que es y yo, sin pensar más que en su tregua milagrosa, me
dejé mirar a los ojos una vez más. Y todo lo que vi, me encantó.

lunes, 15 de marzo de 2010

Ciclo II

Por lo que veo, haber cerrado un ciclo no fue suficiente. Me queda
otro. Reclamo una segunda independencia del otro yugo que arrastro
desde hace casi seis años. Ya no creo nada de lo que me quieren hacer
creer; ya no me motiva nada de lo que me quieren vender. Ya no me
divierten esos juegos. Todo es un falso truco publicitario que raya en
lo absurdo y que sólo se reafirma a sí mismo como tal. Descubro al
patético payaso detrás de la máscara del encanto. Descubro lo triste
que es y me da mucha pena. Me veo en el espejo y descubro que mi vida
está por encima de los intereses de alguien más, del dinero de alguien
más y sobretodo del ego de alguien más. No más. No me interesa. No me
interesa el vano reconocimiento de un oficio hipócrita. No me interesa
la aceptación de un montón de esclavos. No me interesa la vanidad que
se desparrama de sus bocas. Quiero el punto y aparte. No, más bien,
quiero el punto final. Finito. Fin. Quiero empezar otra historia.
Quiero romper el esquema y enfrentar el miedo. Quiero explorar a Ian y
sus locuras. Quiero empezar de nuevo. Ah... y también quiero todo lo
demás. Todo, todo sin excepción. Quiero escribir.

martes, 9 de marzo de 2010

Mala memoria

Ian ya no se acordaba de la última vez que sólamente la tomaron de la
mano. Tampoco de la última vez que sólo le acariciaron suavemente el
cabello. Ian está algo confundida con eso. Y ha de ser porque Ian
nunca estuvo cuando eso pasaba. Seguro era la otra la que propiciaba y
disfrutaba de esos detalles. Ian teme por su existencia.