Qué liberador llegar a la edad en la que no te da miedo decir "me
gustas y quiero contigo". Se siente como cuando a los ocho años salía
a jugar al parque y si había otros niños y quería jugar, lo único que
tenía que hacer era acercarme y decir "¿quieres ser mi amigo?
¿jugamos?". Sin muecas, sin pena, sin paredes. Me encanta. Y por más
que te coqueteo, huyes. Pero ah, qué libre soy en mi cabeza
fantaseando con tardes y noches llenas de palabras y embriaguez. Qué
liberador llegar a la edad en que tomar se siente como un hobby como
bucear. Ah, pero a tu lado, ya que sólo ahí el vino tiene sentido y mi
cabeza se desliza. Sólo así navegamos por debajo del agua mientras
todos los demás nadan. Tú y yo buceamos en lo profundo. Me encanta
romperte el esquema. Y cuando escribes tequiero, así se siente; mucho
más revolucionario que cualquier compromiso que haya tomado. Muy
dentro escucho el tequiero, y como si nadie lo hubiese dicho antes,
soy toda sudores y rubores, y me animo aún más a repetirte descarada y
libremente, que me gustas y quiero contigo. ¿Oíste?
jueves, 15 de octubre de 2009
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