miércoles, 20 de mayo de 2009
No te confundas
No quiero que te confudas. Que no te confunda mi confusión. Que sí, estoy transitando y caminando por el borde del camino, pero que no te espante mi tambalear. Te quiero a mi lado para conservar el equilibrio, más no para poder caminar. Tú caminas tan libre y tan feliz y es por eso que voy a la par. Te quiero así y aunque me cueste aprender a no aprehender, te aprenderé ese andar. Te haré reir, te haré gozar y te daré todo lo que te pueda dar. Pero no te confundas. Déjame la confusión a mí para desenredarla con las palabras.
martes, 19 de mayo de 2009
Gestando un deseo...
"Algo se mueve", susurró. En el silencio del cuarto y bajo el zumbido
constante del regulador de la computadora, D. retorcía los dedos sobre
la punta de un mechón de cabello. No es que hubiera tardado mucho en
llegar a esa conclusión. No, más bien, había tardado en reconocer ese
movimiento al que ya se había acostumbrado, como algo importante.
"Algo se me mueve dentro", susurró y apenas se escuchó por encima del
molesto regulador.
Inmediatamente, tratando de minimizar el incontenible efecto del
descubrimiento, encendió el reproductor de música e invitó a Mozart a
opacar el sonsonete del regulador y el opresivo silencio del cuarto.
El Requiem siempre funciona. Así, mientras la música se deslizaba por
todos los espacios y recovecos del cuarto, así también tocó aquello
que se seguía moviendo dentro de D. y, contrario a lo que él esperaba,
esa cosa no dejó de revolcarse en su pequeño receptáculo. Ahora, en
lugar de sólo revolotear sin sentido, se mecía y zumbaba siguiendo la
oscura melodía.
Alguna vez se trató de imaginar lo que se sentiría tener un deseo
atorado. Y se lo trataba de imaginar, porque siempre que los había
tenido, los había lanzado al aire y se había encargado de hacerlos
realidad. Era tan fácil como colocar el anillo de la prima o de su
hermana dentro de la vela del pastel de cumpleaños, repetir el deseo
en su mente unas tres veces, soplar la vela y listo. Así había sido
siempre. Hoy, en cambio, sabía que tenía uno atorado en el pecho y no
dejaba de moverle las entrañas.
No tenía nada particularmente importante que hacer frente a la
computadora, era un día cualquiera de entre semana, pero la inercia lo
había llevado a sentarse frente al enorme monitor y navegar un rato
curioseando a los amigos y los sucesos importantes del día. En sí, no
estaba haciendo nada que no hubiera hecho antes, sólo que esta vez, el
bulto del pecho estaba excitado.
(Enero 11, 2009)
constante del regulador de la computadora, D. retorcía los dedos sobre
la punta de un mechón de cabello. No es que hubiera tardado mucho en
llegar a esa conclusión. No, más bien, había tardado en reconocer ese
movimiento al que ya se había acostumbrado, como algo importante.
"Algo se me mueve dentro", susurró y apenas se escuchó por encima del
molesto regulador.
Inmediatamente, tratando de minimizar el incontenible efecto del
descubrimiento, encendió el reproductor de música e invitó a Mozart a
opacar el sonsonete del regulador y el opresivo silencio del cuarto.
El Requiem siempre funciona. Así, mientras la música se deslizaba por
todos los espacios y recovecos del cuarto, así también tocó aquello
que se seguía moviendo dentro de D. y, contrario a lo que él esperaba,
esa cosa no dejó de revolcarse en su pequeño receptáculo. Ahora, en
lugar de sólo revolotear sin sentido, se mecía y zumbaba siguiendo la
oscura melodía.
Alguna vez se trató de imaginar lo que se sentiría tener un deseo
atorado. Y se lo trataba de imaginar, porque siempre que los había
tenido, los había lanzado al aire y se había encargado de hacerlos
realidad. Era tan fácil como colocar el anillo de la prima o de su
hermana dentro de la vela del pastel de cumpleaños, repetir el deseo
en su mente unas tres veces, soplar la vela y listo. Así había sido
siempre. Hoy, en cambio, sabía que tenía uno atorado en el pecho y no
dejaba de moverle las entrañas.
No tenía nada particularmente importante que hacer frente a la
computadora, era un día cualquiera de entre semana, pero la inercia lo
había llevado a sentarse frente al enorme monitor y navegar un rato
curioseando a los amigos y los sucesos importantes del día. En sí, no
estaba haciendo nada que no hubiera hecho antes, sólo que esta vez, el
bulto del pecho estaba excitado.
(Enero 11, 2009)
lunes, 18 de mayo de 2009
No te salves
No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.
Mario Benedetti (1920-2009)
jueves, 7 de mayo de 2009
Resbalo
Tomo tu cara entre mis manos
y pareciera que se deshace en luz.
Resbalan mis dedos y te ataca mi boca
y no tengo nada más que pensar...
nada más que hacer...
que rendirme sin preguntar por qué.
Nunca es suficiente y no estoy curioseando
No estoy de visita y tampoco me voy.
Sólo soy.
y pareciera que se deshace en luz.
Resbalan mis dedos y te ataca mi boca
y no tengo nada más que pensar...
nada más que hacer...
que rendirme sin preguntar por qué.
Nunca es suficiente y no estoy curioseando
No estoy de visita y tampoco me voy.
Sólo soy.
lunes, 4 de mayo de 2009
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