domingo, 30 de noviembre de 2008

Madrugada

Sólo en las tempranas horas de un domingo, se puede uno encontrar a sí
mismo. No sé si se encuentre uno tan bien como uno cree. Más bien, y
quizás, uno espera encontrarse con ese con quien tanto desea hablar;
pero no lo hace. Ese con quien uno se encuentra está más solo y más
confundido que uno mismo.
Yo, personalmente, encontré a mi otro yo, deseoso de escribir. No sabe
ni qué quiere escribir, pero de cierta forma ya lo está haciendo. Me
golpea las manos para que deje el teclado y lo deje escribir a gusto,
sin prejuicios. Dice que yo tengo la culpa de que no sepa qué
escribir. Tiene razón. Pero, ¿cómo voy a dejarlo escribir así nomás?
¿Qué van a pensar los muchos intelectuales y expertos del lenguaje de
tantas palabrotas? Sería imperdonable, pienso yo. Pero Ian no me deja
en paz. Dice que me vaya a dormir y que él se encarga. Que si lo dejo
ser y me mantengo al margen, las cosas se podrían poner interesantes
para ambos.
Y yo, qué más quisiera que irme a dormir y dejarlo a cargo, pero es
algo que me tomará mucha práctica. Y paciencia. Y confianza.
Está bien, ya me levanto y le cedo el asiento. ¿Les encargo me cuenten
luego qué tanto dijo?
Gracias y, buenos días.

No hay comentarios: