martes, 28 de julio de 2009

Sueño en verde

Dice Ian que anoche soñó verde.
Y que dentro del verde había más luz que en todo el espectro de
colores. Tal vez era así porque estaba justo detrás de ti y, aunque
sigo sin entender la sombra que dejas, el verde lo rodeaba y tu
silueta contratastaba a través de él.
Trescientos sesenta grados de verde pradera irlandesa que, dice él,
estiraban sus ojos más allá de los cauces de los ríos que fluían
felices. Nunca hacia él; siempre hacia mí. Y siendo tan solo un sueño,
donde las posibilidades son infinitas y no hay reglas, me pregunto por
qué mi cabeza quiere que él vea lo que vió.
Dice que tu silueta se recortaba muy cerca de él, pero tan cerca que
te veías fuera de foco y eras más un obstáculo que un objetivo. Eras
gris y nada interesante comparado con los robles y pastizales detrás.
Eras gris y eras una sombra. Pero Ian quería ser verde; eso era lo que
él anhelaba que yo viera.
Hace horas ya, desde que emergí del sueño y sólo me queda el aliento
fresco de Ian pintado en la frente. Como si se hubiera tragado todo el
verde y ahora lo sudara a través de mí. La boca me sabe a diminutos
tréboles y el estómago alberga traviesos duendes. Y eso es porque nada
es tan verde como Irlanda. Al menos no en mi cabeza. Porque entre el
silencio y la monocromía de esta ciudad, es un alivio descubrir que
aún hay verde en mis entrañas y que es Ian quien lo disfruta. Si es a
través de él y sólo en sueños que he de verlo; que así sea. Si el
verde es el complementario de Ian y tú sólo estás enmedio, fuera de
foco y sentado inmóvil en una silla, quiero entender que estás de más.
O que sigues siendo la pared entre él y yo.
Ian dice que sería más útil plantar una linda enredadera sobre el muro
que derribarte.
Yo, no estoy tan segura.

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