martes, 23 de noviembre de 2010

Aterradas

Ian y yo estamos aterradas. No me había dado cuenta de lo aterradas
que estamos de reconocer que otra vez, el amor nos acecha. Tan
aterradas estamos, que han pasado meses y no nos hemos dirigido la
palabra. La extraño. Yo, me la he pasado en total negación e
incredulidad, y sé que Ian cree, que estoy así nomás por venir
arrastrando tan mala racha. ¿Por qué busco tantas garantías, sabiendo
perfectamente que tal cosa no existe? Refugiada en el cinismo y la
burla, soy nuevamente la historia de quien se va de viaje añorando al
amor de su vida... y regresa con él sin siquiera darse cuenta. Y es
que, dice ahora Ian, que todo ha sido como un diálogo con el espejo.
Primero nos reíamos del reflejo y coqueteábamos abiertamente. Ella se
divirtió de lo lindo y me dijo que lo tenía bajo control. Pero ahora,
ambas observamos el reflejo de reojo desde lejos, y nos aterra; nos
aterra porque ya no nos refleja a nosotras, sino a unas otras
probables, que viven en otro lado y en otras circunstancias.
Aterradas. Pero, como siempre, el terror no le va a impedir a Ian
desenterrar el misterio. Y dice ella que esta vez será más
entretenido, porque no le dieron mas que una cucharita para excavar.
Se va a tardar más que nunca... y ya la veo relamiéndose los labios.
Menos mal que alguien va a disfrutar esto, porque yo sigo aterrada y
cerraré los ojos fuerte fuerte, para no verte allá tan lejos bajo el
inevitable invierno. No los abriré hasta que la nieve caiga sobre tus
hombros y nos cubra de blanco.

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