Así, abro los ojos y es Domingo. Despierto relamiéndome los labios que
usamos anoche para besar y para definir nuestros mundos y descubro que
me he quedado flotando en tus puntos suspensivos. Me digo por qué no y
coloco cada punto: uno, dos, tres. Si al trazar este boceto de vida he
aprendido que nada ofrece certezas y que no me interesan, me digo por
qué no. Aquí y ahora decido romper el silencio y dejaré que me
escuches. ¿Por qué no he de aprovechar esa invitación a no asumir nada
y a intentarlo todo? ¿Por qué no he de deleitarme acariciando tu
nombre en mi almohada cada vez que me plazca? ¿Por qué no acurrucarme
a tu lado para calmar los remolinos?
Amanece Domingo y todo es luz. Siempre luz. Y me recuerdo que esto lo
intuía y que mi intuición nunca falla. Y así será mientras sea
necesario. Todo con inmenso potencial de uso. Todo abierto a
posibilidades. Todo libertad y descubrimiento. Todo flotando en puntos
suspensivos. Uno, dos, tres...
domingo, 28 de marzo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario